EL GUERRERO SABIO -Por Álvaro Yunque

 

I

Las selvas argentinas de soledad lo ungen
Y desde niño aprende su silencio del árbol;
¡Soledad y silencio junto a su cuna humana!:
Un comienzo vatídico para el guerrero sabio.
Después, en el estruendo del mundo y sus pasiones,
Da su sangre al tumulto de los hombres luchando,
Aprende así su oficio de espada este hombre libre,
Y lo aprende venciendo las huestes de un tirano.
En Bailén y Arjonilla se mide su heroísmo,
Ya le sonríe, fácil, la fama sin obstáculos;
Pero oye que le habla la libertad de América,
"El destino lo llama", dice el predestinado.
Y a la voz del destino, fiel, se lanza a los mares.
Lleva al río del Plata sus ojos visionarios.
Su voz hecha a los truenos dice al Plata: ¡Presente!
La libertad de América tiene ya abanderado.

II

En moreno algarrobo se estiliza su cuerpo,
Dan brillo a su mirada las luces del relámpago,
Su pasión, un torrente que va sujeto a rumbo…
Por momentos es Diógenes y por momentos, Washington.
El destino de América funde al propio destino,
En carne y pensamiento ya es todo americano,
Ya todo el continente libre y unido sueña:
Pueblos, llanuras, bosques, montañas, ¡qué escenario!
En el bronce crioyo moldea granaderos,
Ordena y disciplina y orienta el entusiasmo;
Laborioso, convierte los facones en sables
Que "cabezas de godos parten como a zapallos".
A su alrededor la intriga, la desconfianza, el miedo
Lo ven con ojos duros y le cierran el paso:
El bate una alborada tinieblas y enemigos.
Ya es un título hermoso ser un sanmartiniano.
Como otras veces, ella, la Muerte, lo señala.
Ya la Muerte, visible, galopa a su costado,
Pero su vida debe definir un destino.
Cabral le da la suya… La muerte sigue andando.
Sabe más este hombre que sabe mucho, sabe
Que los "gauchos rotosos" son guerreros preclaros;
A ellos les confiere la libertá en custodia,
Y ellos ganan lo que antes perdieran los soldados.
No es sólo un jefe invicto de ejércitos este hombre
Poseedor del fuego que da conciencia y ánimos,
En un sueño que lleva la fe de sus guerreros
Teñida por la aurora del ideal de Mayo.
Ya Paraguay, las tierras del calchaquí conocen
Estas tropas que pasan combatiendo y sembrando:
Junto a la lanza el grito de rebelión: la bala
Y el germen…) ¡Es tu escuela, doctor Manuel Belgrano!)
Son las tropas que en Valmy, Goethe contemplara absorto,
Son las tropas de un mundo todavía en andamios,
Son las tropas de Güemes, de Artigas y de Páez:
Juvenil osadía, corazones románticos.

III

San Martín construyendo va en su rincón de Cuyo,
Día por día y hombre por hombre, a lo artesano,
Su ejército, el ejército de los libertadores:
Impetu de creyentes, bravura de espartacos.
Cuyo es bélico parque y es taller fragoroso,
El martillo, la fragua y el yunque denodados,
La palabra y el libro forjan armas y hombres:
Tarea de raíces:¡florecerá en milagros!
Sol y Marte presiden su cotidiana brega
– ¡Ya en todo el continente se estremece el pasado! -,
allí se afana "un pueblo de hormigas"entre el júbilo
de vidalas y cuecas, guitarras y changangos.
Trabaja el hombre incógnito – ¡si prócer ha nacido! –
Vertical y sin énfasis, sin dudas y magnánimo;
Mientras llega su hora de ser lo que es – Quijote -,
Trabaja cuerdamente, gobernando a lo Sancho.
Debiendo hacer lo grande, pese a los medios pobres,
Previsor minucioso, previsor e inspirado,
Se halla en todo, en los chifles, sables, charqui, herraduras,
En los clarines líricos y en los burdos tamangos.
Moisés, el rabdomante, linfas pide a la roca;
San Martín con la dura pobreza solidario,
Le hace brotar fusiles, combatientes, dineros,
Valor de las mujeres y fe de los ancianos.
El que en fieros combates mira al valor de frente,
Domestica a la astucia y al reptil diplomático
Para hacer de las mondas cabezas virreinales
Un matorral de asombros y de miedos un caos.

IV

Cíclopes de granito lo invitan al ensueño:
Son los Andes del cóndor con su nieve y sus cactos,
Con sus cumbres al cielo y sus simas al vórtice…
Ya está en ellos, paciente, su mula y paso a paso.
Ya se va, por los curvos senderos de montaña,
Sube en su mula, decidido y confiado;
Va a vencer decidido, va confiado en su estrella…
(Y en tu ciencia sin pausas, Justo Estay, ¡buen baquiano!).
Las mulas con su carga de elocuentes cañones
Por entre abismos hórridos los Andes trasmontando…
¿Cómo no izar elogios a las modestas mulas
y a su seguro instinto y a sus avances cautos?
Mulas de ojos sagaces y de sufridos lomos,
Dejan sus osamentas los riscos blanqueados…
(¿Cómo no izarte al tope de la emoción que evoca
Mulita que al Mesías de Chile va llevando?)

V

San Martín ya conjura los siglos hazañosos,
Se yerguen de las rocas los guerreros de Arauco,
De pie, y en marcha, hirvientes de alaridos, ya blanden
Caupolicán sus flechas y su maza Lautaro.
Y no es sólo alaridos de muerte lo que lleva
Esa tropa que acaba de volar a lo pájaro,
Lleva también canciones de la llanura, y bailes,
Lleva el tierno "cielito" y lleva al "cuando" blando.
¿Cómo no hacer a sones de vihuela templada,
Cómo no hacer la guerra, como el amor, cantando?:
¿Cómo no ir esos hombres jubilosos si llevan
la Libertá en las fuertes ancas de sus caballos?
Confiada a los arrestos de su amor corajudo,
– ¡pero si es la más dulce de las chinas del pago! –
Siente cada hombre de esos la Libertá a su espalda,
Y vistiendo uniforme peleará como gaucho.
"Don Marco y Don Osorio" quedarán sin "matuchos",
Cortarán los "latones" compadronea Hidalgo
Que cantará en un "cielo" la gesta de los Andes,
Y ¡"bien haiga" esos hombres, "puros mozos amargos"!
San Martín, descubriendo recónditas virtudes
Y generosidades hasta en los potentados,
Sabe mandar y quiere servir, es su secreto;
Transforma en invencibles aún a los esclavos.
Encienden los humildes heroicas vocaciones
Al ver su sacrificio y su ejemplo abnegado…
(Sea Don Pedro Sosa, tropero de las pampas,
y entre tantos anónimos quede su nombre guapo).

VI

Los pies de Atila secan los yuyos al pisarles,
Sus pies conquistadores hacen nacer el pánico;
Con San Martín renacen esperanzas dormidas:
A él le brotan flores del pie de su caballo.
Los Andes ya le sirven de escalones seguros
Ya lanza sobre el godo su genio matemático,
Ya los que ayer cayeran vencidos, se levantan,
Ya en Rancagua contesta con Chacabuco y Maipú.
San Martín que combate de poncho y de chambergo
Guía combates como quien maneja un arado;
Vencedor de peligros, domador de ambiciones,
Gambetea homenajes y esquiva los halagos.
La anécdota lo esculpe después de la victoria
-¡El no vino hasta América para plantar cadalsos! –
Flor de llamas haciendo papeles de felones:
Con sangre de venganza no se ensucia las manos.
Aníbal, Federico, Bonaparte, Bolívar
Conocen el minuto de la derrota aciago;
San Martín lo conoce: cae y se yergue indómito.
Y se yergue sabiendo superar el fracaso.
¡Pueden los chapetones azuzar sus mastines!:
La libertad que creen una bolsa de harapos
Tiene sus defensores -¡Ah, O`Higgins, oh, Las Heras!
Y no hay mejor escudo que el pecho de los bravos.
Su confianza en sí mismo va exigiendo confianzas,
Resucita medrosos y arma desalentados;
Al pueblo que lo ansía da su primer discurso
Y a los "rotos" ofrenda su fraternal abrazo.
Todo esto lo hace un hombre por el dolor herido,
Con la muerte a la vera de su lecho acechando:
¡La voluntad en pugna con la carne llorona,
la voluntad que impone, mágica, su mandato!
"Yo también soy un indio", se hermana a los mapuches,
Saluda: ¡"Negros Pobres"! a los héroes de Maipo.
Tal el hombre, este hombre de paz y de armonía,
Y cuyo es el destino de avanzar guerreando.
El ama a España, debe combatirla, y combate.
Su España es la de Riego, no la del vil Fernando,
Y esta España del toro y la del cura Merino
Le pone enfrente, ciega, sus "godos maturrangos".

VII

Ya el Virrey oye himnos en las tumbas del Inca,
Ya Lima tiembla, nido de molicies y fausto,
Ya el "Rey chulo" ve espectros que le rondan el trono:
¡Ya San Martín empuña su estandarte, Pizarro!
Y rinde fortalezas sin derroche de sangre,
Y convence a los pueblos, más que vence soldados;
Estratega de almas, la virtud que subyuga,
La máxima que anima: son secretos del táctico.
(¡Gracia de las limeñas, miradas y sonrisas,
Armas que en vez de muerte dan venusinos lauros,
Combaten seduciendo valientes corazones
Que se hacen más valientes por ser de enamorados!)

VIII

Uno es el Plata, río que es como un mar sereno,
Y el otro, un Amazonas que corre atempestado:
¡San Martín y Bolívar!… San Martín se detiene:
El, como todo grande, se agranda renunciando.

IX

Una acción de guerrero y un pensar de filósofo,
Decisión armoniosa, ímpetu meditado;
Los derechos del hombre no segarán su espada…
Su espada: reflexivo bisturí cirujano.
Su humildad sin alardes sólo es sabiduría.
Si en Guayaquil, prudente, su talla es la de Fabio,
En su "ínsula cuyana", con el puño en la esteva,
Puño de chacarero, vuelve a ser Cincinato.
El sube a las alturas sin vértigo y desciende
Sin temor a los torvos precipicios humanos,
Como Catón, austero, rechaza la apoteosis
Y Marco Aurelio, estoico, los sahumerios cesáreos.
No otra cruz en su pecho que la cruz de la vida.
La Cruz del Sur envíale su luz desde lo alto -.
Sus botas militares tienen las suelas rotas:
Son las botas de un firme general democrático.
Como a cosas inútiles, como a cosas perdidas,
Abandona a su espalda gloria, dinero y mando;
Maestro de heroísmos, hoy vencedor lo vemos
De todas las calumnias de sus contemporáneos.
Varón de esta medida solo en las legendarias,
Sólo en las perturbables páginas de Plutarco:
Sus hazañas guerreras no manchan a la ,
Sus proezas morales tienen fulgor de faro.
La incomprensión lastima su virtud militante
Y en su paciencia prueba la envidia sus escarnios:
Su corazón herido sabe amansar la herida,
Por su boca no plañe la voz del desencanto.
"¡Yo soy un instrumento de la justicia!", dice.
Centinela implacable, leal, insomne, exacto;
¡Si esto afirmar pudiéramos, simplemente, de todos!
Cumple sus propias órdenes como un soldado raso.
Ya en el camino, rumbo del destierro, abandona
El traje de sus luchas y su acero afilado:
El no se sobrevive como un titán vencido,
El siempre es lo que nunca dejó de ser: humano.

X

Aun su paz de proscripto perturba la miseria
– ¡La amistad exaltemos en Alejandro Aguado! -;
Si de los enemigos triunfó como un héroe,
Lejos de las pasiones triunfa como un sabio.
Puede callar y calla, ¡si es mentor de sí mismo!,
Buenos Aires y pampas y cumbres y océanos…
Recuerda sin rencores y sin remordimientos,
El deber ya cumplido, de la vida expatriado.
Job sin lamentaciones, pureza sin palabras,
Lleva la cruz que todo grande lleva a un Calvario;
Deja al tiempo que dicte su sentencia, ¡la justa!,
Y entre silencios pasa desde el olvido al mármol.

XI

Pidió que en Buenos Aires su corazón yaciera
Y vive en el latido de todo americano;
Su corazón de padre que vela por nosotros,
Su corazón no ha muerto: Nos sigue libertando.
Clangores de clarines, suspiros de mujeres,
¡Lanzad en el pampero su nombre hacia los astros!,
Impulsos de la fuerza y alas de la ternura,
¡Subidlo hasta la cumbre nívea del ditirambo!

XII

Nosotros invoquemos, compatriotas de América,
El valor silencioso de este guerrero sabio:
Nos necesita ahora la paz, ¡la paz del mundo!
¡Que este sabio guerrero nos siga iluminando!

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EL UNIFORME DEL GENERAL – Por Lila Lahitte

No es el uniforme

el que hace al General…

No.

No es la afilada espada

desenvainada

por un capricho convertido en sangre.

Es la convicción y el coraje

de ver

sin fronteras

el bien común de los pueblos.

 

¿Valor en el dolor?

Virtud de pocos…

Silencio de un grande.

Desprendimiento

sin límites…

Muy cerca

del pico más alto de los Andes.

 

En ojos profundos,

deja huella de patriotismo

en el sendero

que lidera.

 

No…

No es el uniforme

el que hace al General.

Es el hombre cuyo corazón,

levanta con honor

su profunda mirada;

y en el celeste y blanco del cielo

abraza nomeolvides,

perfumes de la Patria.

 

El que odia la mentira

y a la Verdad enfrenta,

en la soledad

de su único entendimiento.

Donde el corazón palpita

en la estrategia,

por una causa justa…

 

No…

No es el uniforme

el que hace al general.

Es el nombre que grita el viento

cuando la historia

lo reclama.

Solo un nombre.

Solo un hombre

que entendió lo que es servir.

 

Aprendamos contigo

en los duros desafíos del presente.

Levantemos tu estandarte:

Simiente, espiga, grano,

Fe… Trabajo.

¡Seamos parte de tí

General…

Don José de San Martín!

SAN MARTÍN – Por Juan Carlos Pirali

Fecundó en Yapeyú; fue el elegido

para redimir tierras esclavas.

El salvador de un oprimido pueblo

 por el poder de la corona hispana.
 
Heroico paladín de libertades
 
en la América joven dominada.
 
Coloso perdurable, prototipo
 
del valiente soldado en la batalla.
 
Su espíritu guerrero nació en Murcia;
 
mamó allí el oficio de las armas.
 
Se distinguió en Orán y en Arjonilla
 
y en Bailén con valor alzó su espada.
 
El océano cruzó: oyó el reclamo
 
de su tierra de origen que llamaba.
 
Con bravos granaderos a caballo
 
en San Lorenzo se cubrió de fama.
 
Jinete de los llanos y los Andes,
 
templado en al fragor de la metralla.
 
En Chacabuco y Maipo se inclinaron
 
los realistas rendidos a sus plantas.
 
Protector del Perú: firme baluarte
 
de la emancipación de tierra incaica.
 
Entregó en Guayaquil –magna modestia-
 
la gloria de la última batalla.
 
Patriota venerado por su lucha,
 
docente con su ejemplo y su palabra,
 
libertador de medio continente…
 
¡ América recuerda sus hazañas!…
 
 

Combate de San Lorenzo